jueves, 26 de diciembre de 2013

La lucha de clases y la cuestión de la mujer

El materialismo dialéctico es el que ha arrojado sobre los problemas de la condición femenina la luz más fuerte, la que nos permite situar el problema de la explotación de la mujer en el seno de un sistema generalizado de explotación. Es también el que define la sociedad humana no ya como un hecho natural inmutable, sino como algo antinatural.

La humanidad no padece pasivamente el poder de la naturaleza. Sabe aprovecharlo. Este aprovechamiento no es una operación interior y subjetiva. Se efectúa objetivamente en la práctica, si se deja de considerar a la mujer como un simple organismo sexuado para tomar conciencia, más allá de los hechos biológicos, de su valor en la acción.

Además, la conciencia que la mujer adquiere de sí misma no está definida exclusivamente por su sexualidad. Refleja una situación que depende de la estructura económica de la sociedad, resultado de la evolución técnica y de las relaciones entre clases a las que ha llegado la humanidad.

La importancia del materialismo dialéctico radica en haber sobrepasado los límites esenciales de la biología, en haber soslayado las tesis simplistas del sometimiento a la especie, para situar todos los hechos en el contexto económico y social. Por muy lejos que nos remontemos en la historia humana, el dominio del hombre sobre la naturaleza nunca se ha realizado directamente, con su cuerpo desnudo. La mano, con su pulgar prensil, ya se tiende hacia el instrumento que multiplica su poder. De modo que no son las condiciones físicas, la musculatura, el parto, por ejemplo, lo que consagró la desigualdad social entre el hombre y la mujer. Tampoco la confirmó la evolución técnica como tal. En algunos casos, y en algunos lugares, la mujer pudo anular la diferencia física que la separa del hombre.

El paso de una forma de sociedad a otra es lo que institucionaliza esta desigualdad. Una desigualdad creada por la mente y por nuestra inteligencia para hacer posible la dominación y la explotación concretadas, representadas y experimentadas por las funciones y las atribuciones a las que hemos relegado a la mujer.

La maternidad, la obligación social de ajustarse a los cánones de lo que los hombres desean como elegancia, impiden que la mujer que lo desee se dote de una musculatura considerada masculina.

Según los paleontólogos, durante milenios, del paleolítico a la Edad del Bronce, las relaciones entre los sexos se caracterizaron por una complementariedad positiva. Estas relaciones permanecieron durante ocho milenios bajo el signo de la colaboración y la interferencia, y no de la exclusión propia del patriarcado absoluto, más o menos generalizado en la época histórica.

Engels tuvo en cuenta la evolución de las técnicas, pero también la esclavización histórica de la mujer, que nació con la propiedad privada, con el paso de un modo de producción a otro, de una organización social a otra.

Con el intenso trabajo necesario para roturar los bosques, cultivar la tierra y sacar el máximo provecho a la naturaleza, se produce una especialización de tareas. El egoísmo, la pereza, la comodidad, el esfuerzo mínimo para obtener un beneficio máximo surgen de las profundidades del hombre y se erigen en principios. La ternura protectora de la mujer hacia su familia y su clan son una trampa que la somete al dominio del macho. La inocencia y la generosidad son víctimas del disimulo y los cálculos egoístas. Se hace burla del amor, se mancilla la dignidad. Todos los sentimientos verdaderos se convierten en mercancía. A partir de entonces el sentido de la hospitalidad y de compartir que tienen las mujeres sucumbe a la artimañas de los astutos.

Aunque es consciente de las artimañas que están detrás del reparto desigual de tareas, ella, la mujer, sigue al hombre para cuidar de todo lo que ama. Él, el hombre, se aprovecha de esa entrega. Más adelante el germen de la explotación culpable establece unas reglas atroces que van más allá de las concesiones conscientes de la mujer, históricamente traicionada.

Con la propiedad privada la humanidad instaura la esclavitud. El hombre amo de sus esclavos y de la tierra pasa a ser propietario también de la mujer. Esta es la gran derrota histórica del sexo femenino. Se explica por los cambios profundos creados por la división del trabajo, debido a los nuevos modos de producción y a una revolución en los medios de producción.

Entonces el derecho paterno sustituye al derecho materno; la transmisión de la propiedad se hace de padres a hijos, y no ya de la mujer a su clan. Es la aparición de la familia patriarcal, basada en la propiedad personal y única del padre, convertido en cabeza de familia. En esta familia la mujer está oprimida. El hombre, amo y señor, da rienda suelta a sus caprichos sexuales, se aparea con las esclavas o las hetairas. Las mujeres son su botín y sus conquistas de mercado. Se aprovecha de su fuerza de trabajo y disfruta de la diversidad del placer que le deparan.

La mujer, por su parte, cuando los amos hacen que la reciprocidad sea posible, se venga con la infidelidad. Es así como el matrimonio conduce de forma natural al adulterio. Es la única defensa de la mujer contra su esclavitud doméstica. La opresión social es la expresión de la opresión económica.

En este ciclo de violencia, la desigualdad sólo acabará con el advenimiento de una sociedad nueva, es decir, cuando los hombres y las mujeres disfruten de los mismos derechos sociales, producto de cambios profundos en los medios de producción y en las relaciones sociales. La suerte de la mujer sólo va a mejorar con la liquidación del sistema que la explota.

En todas las épocas, allí donde el patriarcado triunfaba, hubo un estrecho paralelismo entre la explotación de clase y el sometimiento de las mujeres. Con algunos momentos de mejoría, cuando algunas mujeres, sacerdotisas o guerreras, lograron sacudirse el yugo opresor. Pero la tendencia principal, tanto en la práctica cotidiana como en el plano intelectual, sobrevivió y se consolidó. Destronada de la propiedad privada, expulsada de sí misma, relegada a la categoría de nodriza y criada, desestimada por filósofos como Aristóteles, Pitágoras y otros, y por las religiones más extendidas, desvalorizada por los mitos, la mujer compartía la suerte del esclavo, que en la sociedad esclavista no era más que una bestia de carga con rostro humano.

No es de extrañar, entonces, que en su fase expansiva, el capitalismo, para el que los seres humanos son meras cifras, fuera el sistema económico que explotó a la mujer con más cinismo y refinamiento. Como esos fabricantes de la época que sólo empleaban a mujeres en sus telares mecánicos. Preferían a las mujeres casadas y entre ellas a las que tenían en casa varias bocas que alimentar, porque eran mucho más cuidadosas y dóciles que las solteras. Trabajaban hasta el agotamiento para dar a los suyos los medios de subsistencia indispensables.

Es así como las cualidades propias de la mujer se adulteran en su detrimento, y todos los elementos morales y delicados de su naturaleza se utilizan para esclavizarla. Su ternura, el amor a su familia, su la meticulosidad en el trabajo se utilizan contra ella, mientras que no se perdonan sus defectos.

A través de los tiempos y los tipos de sociedades, la mujer siempre ha tenido una triste suerte: la desigualdad, siempre ratificada, frente al hombre. Las manifestaciones de esta desigualdad han podido ser muy diversas, pero siempre ha existido.

En la sociedad esclavista, el hombre esclavo estaba considerado como un animal, un medio de producción de bienes y servicios. La mujer, cualquiera que fuera su rango, estaba oprimida dentro de su propia clase y fuera de ella, incluso las que pertenecían a las clases explotadoras.

En la sociedad feudal, basándose en la supuesta debilidad física o psíquica de las mujeres, los hombres las sometieron a una dependencia absoluta del hombre. A la mujer la mantenían, con pocas excepciones, apartada de los lugares de culto, por considerarla impura o principal agente de indiscreción.

En la sociedad capitalista, la mujer, que ya sufría una persecución en el orden moral y social, también está sometida económicamente. Mantenida por el hombre cuando no trabaja, sigue estándolo cuando se mata a trabajar. Nunca se insistirá bastante en la miseria de las mujeres, nunca se hará suficiente hincapié en su semejanza con la miseria de los proletarios.

Thomas Sankara
"La liberación de la mujer. Una exigencia del futuro"
8 de marzo de 1987

viernes, 20 de diciembre de 2013

La Unión Soviética: El primer país en que el aborto fue legal y gratuito

En 1917 el proletariado tomó el poder en la Unión Soviética y empezó a construir una nueva sociedad socialista. Antes de la revolución las mujeres sufrían una horrible opresión. No era inusual que las mujeres fueran compradas y vendidas como esposas o sirvientas. Eran tratadas como bestias de carga en granjas y hacían trabajos denigrantes en talleres.
La victoria de la revolución cambió de inmediato y por completo la vida de las mujeres. Las nuevas leyes despojaron a los hombres de los derechos sobre esposas e hijos, aseguraron el derecho al divorcio y establecieron salarios iguales para hombres y mujeres. El matrimonio ya no lo legalizaba la iglesia, sino una ceremonia civil. Las mujeres que daban a luz en hospitales no tenían que pagar nada. El aborto se descriminalizó y después se legalizó en 1920. Ya no se castigaba a las prostitutas y más tarde se eliminó la prostitución. Se abolió el matrimonio infantil, así como la compraventa de mujeres. Los lugares de trabajo permitieron que las mujeres se ausentaran por maternidad y                                                                                         aborto.

Lenin, líder de la revolución rusa, dijo: "La experiencia de todo movimiento de liberación ha demostrado que el éxito de una revolución depende del grado de participación de la mujer".

EL ABORTO: LEGAL Y A QUIEN LO SOLICITARA
En 1920 el gobierno soviético emitió un decreto anulando la penalización criminal del aborto. Fue el primer gobierno del mundo en hacerlo:
“Mientras los remanentes del pasado y las difíciles condiciones del presente obliguen a algunas mujeres a practicarse el aborto, el Comisariato del Pueblo para la Salud y el Bienestar Social y el Comisariato del Pueblo para la Justicia consideran inapropiado el uso de medidas penales y por lo tanto, para preservar la salud de las mujeres y proteger la raza contra practicantes ignorantes o ambiciosos, se resuelve:
“I. El aborto, la interrupción del embarazo por medios artificiales, se llevará a cabo gratuitamente en los hospitales del estado, donde las mujeres gocen de la máxima seguridad en la operación.”
—“Decreto del Comisariato del Pueblo para la Salud y el Bienestar Social y del Comisariato del Pueblo para la Justicia en la Rusia Soviética”, traducido de Die Kommunistische Fraueninternationale [La Internacional Comunista de las Mujeres], abril de 1921, en Women and Revolution No. 34, primavera de 1988
En la Rusia zarista las mujeres eran legalmente esclavas de sus maridos. Según las leyes zaristas: “La esposa tiene que obedecer a su marido, como jefe de familia, permanecer junto a él, amarle, respetarle, obedecerle siempre, hacer todo lo que le favorezca y demostrarle su afecto como esposa”. El programa del Partido Bolchevique de 1919 decía: “En el momento actual, la tarea del partido es trabajar en primer lugar, en el reino de las ideas y la educación, para destruir completamente todos los vestigios de desigualdad o viejos prejuicios, particularmente entre las capas más atrasadas del proletariado y el campesinado. Sin limitarse sólo a las igualdades formales de las mujeres, el partido tiene que liberarlas de las cargas materiales del obsoleto trabajo familiar y sustituirlo por casas comunales, comedores públicos, lavanderías, guarderías, etc”.
La mujer en la Unión Soviética disfrutaba de muchas ventajas, como guarderías sostenidas por el estado, pleno derecho al aborto, acceso a una amplia gama de oficios y profesiones y un alto grado de igualdad económica con sus compañeros de trabajo hombres; en pocas palabras, tenían un estatus que en muchos aspectos era mucho más avanzado que el de las sociedades capitalistas actuales.
La revolución desató una oleada de optimismo y expectativas de una sociedad construida sobre principios socialistas. Entre los jóvenes había muchísimas discusiones sobre las relaciones sexuales, el cuidado de los niños y la naturaleza de la familia en la transición al socialismo.

La legislación soviética de entonces dio a la mujer de Rusia un grado de igualdad y libertad que no ha sido alcanzado ni siquiera por los países capitalistas “democráticos” económicamente más avanzados de hoy
Apenas poco más de un mes después de la revolución, dos decretos establecieron el matrimonio civil y permitieron el divorcio a petición de cualquiera de los cónyuges, logrando mucho más de lo que el Ministerio de Justicia prerrevolucionario, los periodistas progresistas, los feministas o la Duma jamás habían siquiera intentado. En el siguiente periodo el número de divorcios subió a niveles altísimos. En octubre de 1918 el Comité Ejecutivo Central (CEC), el órgano estatal de gobierno, ratificó todo un Código sobre el Matrimonio, la Familia y la Custodia que barría con siglos de poder patriarcal y eclesiástico, y establecía una nueva doctrina basada en los derechos individuales y la igualdad entre los sexos.

Los bolcheviques también abolieron las leyes contra los actos homosexuales y todas las formas de actividad sexual consensual. El director del Instituto de Higiene Social de Moscú, Grigorii Batkis, explicó la posición bolchevique en un folleto de 1923 titulado La revolución sexual en Rusia:

En agosto de 1918 se estableció un comité encabezado por A.G. Goijbarg, un profesor de derecho y ex menchevique, para redactar el proyecto del nuevo Código Familiar. Los juristas describían al código como “no legislación socialista sino legislación del periodo de transición”, así como el propio estado soviético, en tanto dictadura del proletariado, era un régimen preparatorio de transición del capitalismo al socialismo (citado en Goldman, Op. cit.).
Los bolcheviques anticiparon la capacidad de “eliminar la necesidad de ciertos registros, como el registro de los matrimonios, ya que la familia pronto será remplazada por otras diferenciaciones más razonables, más racionales, basadas en los individuos separados”, como dijo Goijbarg con demasiado optimismo. Luego añadió: “El poder proletario construye sus códigos y sus leyes dialécticamente, de manera que cada día de su existencia va minando su razón de ser.” Cuando “los grilletes entre marido y mujer” se hayan vuelto “obsoletos”, la familia se extinguirá, remplazada por relaciones sociales revolucionarias basadas en la igualdad de la mujer. Sólo entonces, en palabras de la socióloga soviética S.Ia. Volfson, la duración del matrimonio “estaría definida exclusivamente por la mutua inclinación de los cónyuges” (citado en Ibíd.). El divorcio se lograría con sólo cerrar una puerta, según lo pronosticaba el arquitecto soviético L. Sabsobich.

“La legislación soviética se basa en el siguiente principio: declara la absoluta no interferencia del estado y la sociedad en asuntos sexuales, en tanto que nadie sea lastimado y nadie se inmiscuya con los intereses de alguien más.”
El código de 1918 eliminó la distinción entre los hijos “legítimos” e “ilegítimos” usando en su lugar la formulación cuidadosamente redactada “hijos cuyos padres no estén en un matrimonio registrado”. Así, una mujer podía reclamar la manutención infantil de un hombre con el que no estuviera casada.
El Código también establecía el derecho de todos los niños a la manutención por parte de los padres hasta la edad de 18 y el derecho de cada cónyuge a conservar su propia propiedad. Al llevar a cabo las medidas del Código, los jueces favorecían a las mujeres y a los niños sobre la base de que establecer la manutención del hijo tenía prioridad sobre la protección de los intereses financieros de la parte masculina. En un caso, un juez dividió la manutención de un niño entre tres, pues su madre se había estado acostando con tres hombres diferentes.

LA PROTECCIÓN DE LA MATERNIDAD
Se tomaron medidas para liberar a las mujeres de tareas como el cuidado de los niños, cocinar y limpiar. Se establecieron guarderías y cocinas comunales en barrios y en grandes factorías. Hacia 1920-21, 12 millones de personas comían en cafeterías comunales (más del 80% de la población de Petrogrado y 93% de la población de Moscú). Los niños comían gratis.
Inmediatamente después de la revolución, el gobierno lanzó una campaña para brindarle a las trabajadoras instalaciones sociales y culturales y servicios comunales, y para atraerlas a programas educativos y de capacitación. El Código Laboral de 1918 garantizaba un receso pagado de media hora al menos cada tres horas para alimentar a un bebé. Para su protección, durante el embarazo y la lactancia las mujeres tenían prohibido el trabajo nocturno y las horas extras. Esto implicó una lucha constante contra algunos administradores estatales que veían en estas medidas una carga financiera adicional.
La mayor conquista legislativa de las mujeres trabajadoras fue el programa de seguro de maternidad de 1918 diseñado e impulsado por Alexandra Kollontai, primera Comisaria del Pueblo para el Bienestar Social y presidenta del Zhenotdel de 1920 a 1922. La ley otorgaba ocho semanas de licencia de maternidad plenamente remunerada, recesos para la lactancia e instalaciones de descanso en las fábricas, servicios médicos gratuitos antes y después del parto y bonos en efectivo. El programa estaba administrado por una Comisión para la Protección de Madres e Infantes —adjunta al Comisariato de Salud— y encabezado por una doctora bolchevique, Vera Lebedeva. Con su red de clínicas de maternidad, consultorios, estaciones de alimentación, enfermerías y residencias para madres e infantes, este programa fue quizá la innovación más popular de todas las del régimen soviético entre las mujeres rusas.

LICENCIA MENSTRUAL

En las décadas de 1920 y 1930, frecuentemente se permitía a las mujeres tomarse un descanso de unos cuantos días en forma de licencia menstrual. En la historia de la protección a la mujer obrera, la URSS fue probablemente única en esto. Los especialistas investigaban los efectos del trabajo pesado en la mujer. Una académica escribió: “Mantener la salud de los obreros parece haber sido una preocupación central en la investigación relacionada con la protección laboral en este periodo (Melanie Ilic, Women Workers in the Soviet Interwar Economy: From “Protection” to “Equality” [Trabajadoras en la economía soviética de la entreguerra: De la “protección” a la “igualdad”], Nueva York: St. Martin’s Press, 1999). El trabajo extenuante podía llevar a la interrupción o el retraso en el ciclo menstrual especialmente entre las campesinas.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Biografía de Ludmila Mijailovna Pavlichenko

Nacida en Belaya Tserkov (Ucrania) el 12 de julio de 1916. De altas dotes académicas, estudia Historia y al mismo tiempo trabaja en un arsenal soviético. Apuntada al club de tiro de dicha fábrica, pronto destacó como estupenda tiradora, cualidad que posteriormente la hizo mundialmente conocida. Se licencia y especializa en Historia en la Universidad de Kiev. 

En junio de 1941 la Alemania nazi ataca la URSS. Inmediatamente Pavlichenko, como militante bolchevique que es, se apunta voluntaria para participar en la lucha. Cuenta la historia de esta revolucionaria una curiosidad: que, debido a su porte más de modelo (alta, bella, peinada, uñas pintadas, ropa muy cuidada...) que de estudiante soviética, el oficial encargado del reclutamiento la miró con tal asombro que Ludmila tuvo que sacar el carnet de tiradora experta y de militante del Partido para ser creída. El oficial seguía tan asombrado con su presencia casi burguesa que le recomendó alistarse en la unidad médica, a lo que esta revolucionaria se negó. Al final fue admitida en el Ejercito Rojo, en concreto en la 25 División de Infantería, como tiradora experta.

La URSS carecía casi de armamento moderno debido a la situación bélica abierta en tantos frentes a la vez, así que dotan a Ludmila del archiconocido fusil Mosin-Nagant. Este histórico fusil, que tan buenos servicios prestó a la revolución soviética, no era nada adecuado sin embargo para el trabajo de tirador preciso, pues medía 123 centímetros de largo (difícil de camuflar), tenía un brutal retroceso (descubrimiento del tirador) y necesitaba de cerrojo entre disparo y disparo (lento).

Aún así, ya desde el primer día en el frente Ludmila se destaca como una tiradora de enorme precisión y estrategia. En Belyayevka primero y en Odessa después, en sólo dos meses ocasiona 187 bajas al enemigo fascista. Y hay que tener muy en cuenta que la labor de estos y estas francotiradoras de élite consistía en eliminar altos cargos y oficiales del enemigo, como mandos militares, guías de ametralladora, enlaces, etc.
Su fama como antinazi mortal empieza a tomar tal carta de prestigio, que cuando los nazis rumanos cercan Odessa en septiembre de 1941, se retira el Ejército Rojo llevándose a los francotiradores a Sebastopol, ya que los nazis los catalogaron como objetivo número 1 a encontrar y eliminar.

Para proteger Sebastopol se guarnecen y fortifican 100.000 soldados rojos y los mejores francotiradores soviéticos. Los nazis alemanes y rumanos no conocen piedad. Bombardean la ciudad con proyectiles de 7 toneladas y millones de bombas más. Asesinan a niños, ancianos y enfermos buscando la información del lugar donde se apostaban los terribles tiradores que estaban diezmando a sus jefes. Ludmila decide cambiar de arma, mucho más adecuada para labores de tanta precisión en la cercada ciudad. Le dotan de un SVT 40, fusil automático de repetición. Pasa noche a noche vigilando, sin dormir apenas, sin mover ni un músculo emboscada entre las ruinas de los edificios, pues sabe la responsabilidad que tiene el formar parte del grupo de mayor élite del glorioso Ejército Rojo y el más odiado por los fascistas.

En mayo de 1942 ya ha ocasionado 257 bajas mortales entre altos cargos y combatientes de élite nazis. Es ascendida a teniente por méritos de guerra y citada en el parte internacional de héroes soviéticos del Frente Meridional. Su fama la hace ser de nuevo el objetivo más buscado por los nazis que rodean la ciudad. Son torturados, asesinados y degollados varios niños y detenidos en busca de información para localizarla. En junio, ya agotada por tantas noches en guardia, y con 309 nazis de alta graduación abatidos, es gravemente herida por el estallido de un mortero fascista que le explota muy cerca.

Como es el objetivo preferente a eliminar por los nazis, es sacada de Sebastopol en un submarino para que no pudiera ser capturada. Días después, a inicios de julio, la ciudad cae en manos nazis y las escenas de horror (violaciones, torturas, degollamientos...) se convierten en la realidad única.

Recuperada de las gravísimas heridas pero sin volver a tener la puntería y precisión anteriores, se dedica a labores de proselitismo, propaganda y organización. Se la declara héroe nacional soviética. Aprovecha esta fama internacional y viaja a Estados Unidos para participar en la Asamblea Internacional de Estudiantes, celebrada en Washington. En Nueva York da cinco mítines multitudinarios. No ocultó ni por un instante su militancia en el PCUS y su enorme respeto por Stalin. Miles de simpatizantes comunistas y militantes de izquierdas asisten a dichas charlas. Incluso el cantante Woody Guthrie compuso un canción en su honor que (obviamente) fue vetada en muchas emisoras yankis. Dice así:

La señorita Pavlichenko es bien conocida para nosotros, 
su país es URSS y la lucha su vida, 
todo el mundo la querrá siempre, 
300 nazis cayeron bajo su arma. 
Su sonrisa brilla tanto como el nuevo sol de la mañana, 
300 perros nazis cayeron bajo su arma, 
en el calor o la fría nieve, 
usted sigue derribando a sus enemigos. 
Este mundo amará su dulce cara lo mismo que yo, 
Pues más de 300 perros nazis murieron bajo su arma.

Continúa dando charlas y haciendo propaganda soviética hasta 1945. Acabada la guerra mundial y vencidos y expulsados los nazis de tierras soviéticas, esta héroe popular vuelve a su hogar. Se dedica durante sus años restantes a ejercer de monitora. Muere en Moscú en el verano de 1974. Un asesino de la División Azul que combatió en el Grupo de eliminación de francotiradores soviéticos en la zona entre Otenski y Possad, definía así su labor:

Los francotiradores eran todos militantes del Partido, unos fanáticos comunistas que se podían pasar 24 horas tumbados sin moverse en la nieve o en el barro, bajo cero, esperando para pegarnos un tiro. Y nosotros estábamos allí para evitarlo, para luchar contra Stalin y el comunismo. Y lo peor es que también había mujeres, que hacían la misma labor que los hombres [...] Una noche un paisano que estaba un poco tocado de la cabeza y que acabó mal a su vuelta a España y yo, rodeamos a uno, porque lo oímos venir y luego lo vimos. No es agradable recordar aquello, pero no es lo mismo que tirar desde la trinchera [...] No llevaba documentación, le cogimos el fusil con la mira, el capote y las botas.

Fueron unos 1.600 los hombres y mujeres que actuaron como tiradores expertos en el Ejercito Rojo. Entre los objetivos conseguidos, incluso un General del Alto Estado Mayor nazi de visita en el frente, ¡un avión derribado! y casi 1.000 comandantes y oficiales. Queremos extender aquí el homenaje realizado a Ludmila Pavlichenko recordando también a los héroes Nicolás Ilyin, con 505 altos nazis muertos, Iván Sidorenko, con 489, Iván Kubeltinov, con 456 y Vasili Zaritsev, con 403 y en cuya vida de francotirador soviético se inspira la película Enemigo a las puertas de Jean Jacques Annaud. Y las camaradas Ana Kostryna, con 387, Natalia Kovshova y Maria Polivanova, con 298 fascistas de alto rango ejecutados, entre ellos 5 francotiradores nazis de máxima élite, Inna Mudretsova con 141, Roza Shanina con 100, Lidia Gudovancheva con 60...

Fuente: http://porthos-porthos.blogspot.com.es/

martes, 17 de diciembre de 2013

La mujer en el Movimiento de Resistencia

Con la reforma en marcha, se va a ir desarrollando y ampliando un nuevo movimiento de resistencia, cuya base va a ser la combinación de la lucha política de la clase obrera y de las masas y las acciones guerrilleras. En este nuevo movimiento, al margen y en contra de la reforma, la mujer va a tener una amplia participación, que se irá haciendo más consciente y activa a medida que se vaya agudizando la crisis económica, política y social del régimen fascista de los monopolios ya medida, por tanto, que se vaya desenmascarando la verdadera esencia de la reforma y se vayan desvaneciendo las ilusiones que ésta pudo generar en los primeros momentos.

Los primeros años estuvieron marcados, sin duda, por una importante oleada de luchas revolucionarias en las que se exigía un verdadero cambio y verdaderas soluciones a los problemas de todo tipo que acuciaban a la sociedad. y van a ser las mujeres de la clase obrera, como parte integrante del proletariado, quienes, una vez más, estén a la vanguardia y protagonicen las más importantes luchas. Así, por ejemplo, en 1977, las obreras de la fábrica textil Induyco (Madrid) realizan una importante huelga con la que mantienen en jaque, durante varios meses, a patrones y policías con manifestaciones casi diarias y formación de piquetes a la entrada del Corte Inglés; con su actitud de resistencia, consiguen la solidaridad del pueblo y el boicot a las compras en esta empresa. Las obreras de Intelsa, de Triumph Internacional, de Artiach, de la industria conservera o textil y de otras muchas fábricas, imposibles de enumerar, protagonizan también importantes huelgas en esos años y sus luchas se convierten en un ejemplo de combatividad, organización y conciencia de clase. Siguiendo este ejemplo, desde hace años también, hay una importante participación femenina en la lucha política contra el sistema de opresión y explotación que padecen las masas trabajadoras.

La lucha contra la represión y la tortura, contra las leyes antiterroristas y las cárceles de exterminio,contra la OTAN y las bases militares, por la amnistía y la libertad de expresión, por los derechos de las nacionalidades oprimidas, contra el paro, etc., ha contado siempre con una importante participación femenina y, de hecho, su porcentaje, en los movimientos de masas creados en torno a estos problemas es muy elevado, lo mismo que en el movimiento estudiantil, en la lucha de los jóvenes por sus problemas específicos o en la de los intelectuales y profesionales progresistas. Algunas de estas mujeres han dado su vida en la consecución de estos objetivos; basta recordar a Mari Luz Nájera -asesinada en 1.977 en una manifestación por la amnistía, a Yolanda González -asesinada por las bandas parapoliciales-, a Gladys del Estal -asesinada por la policía en una manifestación antinuclear-, a Normi Mentxaka, etc.

Pero, sin duda, donde la presencia de la mujer ha sido verdaderamente masiva en estos años, ha sido en la lucha que se desarrolla en los barrios: por una vivienda digna, por el mejoramiento de los servicios públicos, por la falta de agua, de colegios, de ambulatorios, contra la subida de los impuestos, por la construcción de parques y señalizaciones en la carretera... En lo barrios populares, son las amas de casa quienes están sufriendo todos los días las nefastas consecuencias de la política que llevan a cabo en todos los terrenos los oligarcas y sus gobernantes; son ellas las que tienen que enfrentarse, en cada momento, a la realidad de su vivienda que se empieza a resquebrajar a los pocos años de comprarla, a la falta de colegios donde enviar a sus hijos o a la carestía, cada vez mayor, de los artículos de primera necesidad: agua, luz,colegios, etc., etc. Por eso, estos problemas han impulsado ya a una gran mayoría a participar activa y decididamente, en la lucha ya emplear, con frecuencia, métodos radícales: manifestaciones, barricadas, cortes de tráfico y todo tipo de acciones que, en muchos casos, han acabado convertidas en verdaderas batallas campales y en enfrentamientos con las fuerzas represivas. En los barrios y en los pueblos, estas mujeres -siguiendo el ejemplo de todos los trabajadores- han ido imponiendo, a lo largo de estos años, la desobediencia civil, extendiendo este método de lucha de una a otra punta del país: barrios y pueblos enteros se han organizado y se han negado a pagar los impuestos, la luz, el agua, los transportes, han ocupado viviendas vacías, etc.

Dentro de este panorama general, es preciso detenerse especialmente en los últimos años de gobierno socialfascista, ya que podemos decir que, bajo el mandato de los señoritos andaluces, el Movimiento Político de Resistencia ha tomado tintes aún más radicales y se encuentra abiertamente enfrentado al Estado fascista de los monopolios.Las mujeres, como parte de ese nuevo movimiento, han jugado un importante papel en este proceso.

En esta etapa de agravamiento de la crisis económica y el paro -que se han cebado especialmente con las mujeres obreras-, junto a las luchas en que se reivindican mejorasen los salarios y en las condiciones de trabajo, cada vez adquiere mayor importancia la lucha por la defensa del puesto de trabajo para aquellas mujeres que aún lo conservan y su conquista para esa inmensa mayoría que no lo tiene. Nuevamente, las obreras de Artiach, Rodyalc, Standard, Regojo... y de talleres y empresas pequeñas, protagonizan destacadas luchas, que son una constante denuncia de la política económica que está aplicando el PSOE.

Entre ellas, hay que destacar las de las jornaleras andaluzas de Bornos, Puerto Serrano,Espera y otros pueblos de la zona que, en 1984-85, encabezaron las primeras luchas de las mujeres del campo por la conquista de su derecho a un puesto de trabajo. Durante más de un año, las jornaleras andaluzas han venido enfrentándose con todos los medios a su alcance y realizando acciones de todo tipo: encierros,manifestaciones,enfrentamientos con la policía, ocupaciones de fincas, etc. para ser incluidas en los Fondos de Empleo Comunitario -se lo niegan por ser mujeres-. La miseria en que viven les ha hecho comprender la necesidad de incorporarse al trabajo y, una vez que han abierto los ojos, ya no quieren volver a cerrarlos. Saben que su puesto no está en la casa,sino en la calle luchando junto a sus compañeros, a quienes han hecho comprender que sus reivindicaciones son justas, que el conseguirlas va en beneficio de todos los trabajadores y que luchando juntos, hombres y mujeres, es como mejor se puede hacer frente al enemigo común. Ellas mismas han explicado así sus objetivos:

No se trata de repartirnos la limosna del Empleo Comunitario, sino de reclamar el trabajo que los señoritos nos niegan tanto a nuestros compañeros jornaleros como a nosotras... Nos dan una miseria, pero no pedimos que nos suban más. Lo que queremos es trabajo...Una mujer trabajando es más libre y no tiene que esperar en casa a que el marido o los hijos traigan el dinero... Al principio, los hombres no nos apoyaban; ellos trabajaban, pero de nosotras no se sabía nada, ahora cada vez vienen más y nos apoyan, vienen alas asambleas y saben que nuestra lucha es también la de ellos.

La puesta en marcha de las reconversiones salvajes y la mayor agravación de la miseria de nuestro pueblo ha sido, sin duda, el motor que ha impulsado, en los últimos años, a la incorporación de numerosas mujeres a las luchas más importantes que está desarrollando la clase obrera en España: la lucha contra la reconversión. Este hecho es muy importante, ya que ha conseguido arrastrar a la lucha a sectores de mujeres, amas de casa en su mayoría, para quienes la vida transcurre en los estrechos marcos del hogar; la reconversión les afecta directamente, ya que pone en peligro su supervivencia y la de su familia; por eso, estas mujeres han sido capaces de salir a la calle, de enfrentarse a la policía y de utilizar, los métodos más radicales. Las mujeres de los obreros de Sagunto, Euskalduna, Astano, Ascón, de los Astilleros de Gijón, Nervacero,Magefesa, de los mineros de Río Tinto (Huelva), etc. han participado en las asambleas,han dado en todo momento su opinión de cómo extender la lucha a todos los barrios para explicar las consecuencias de la reconversión y conseguir la solidaridad de todos los sectores, directa o indirectamente, afectados por la crisis; ellas mismas, en el curso de la lucha, han puesto en práctica diversas formas de desobediencia civil y de resistencia activa, ocupando las factorías, encabezando las manifestaciones de obreros y el llamamiento a todo el pueblo para unirse a la lucha contra la reconversión, formando piquetes de extensión y de cierre de comercios, etc., etc. Esta participación de las mujeres -aunque hay quien dice lo contrario no es sólo en apoyo de sus compañeros,sino que supone un enfrentamiento directo con la política económica del gobierno y es la expresión del grado de comprensión y conciencia de su situación y de cómo combatirla. Una mujer que participó en la lucha de Euskalduna analiza así su propia experiencia:

A las mujeres que hemos participado en esta lucha no se nos va a olvidar tan fácilmente; muchas hemos salido del atolladero de la cocina y la lavadora, nos hemos sentido vivas y nunca nos habíamos sentido tan útiles; yo pensaba que sólo servía para fregar, para lavar la ropa y atender a mis hijos, ahora pienso que puedo jugar un papel importante en la sociedad.

La reciente lucha de los mineros de Río Tinto es otra muestra viva de lo que decimos. Las mujeres de los mineros formaron una coordinadora para discutir las acciones a realizar y se han lanzado a la calle, tras decidirlo en asamblea, para bloquear la producción minera de plata y oro, con el fin de obligar a la empresa a negociar con los trabajadores el futuro de la mina. También han sido ellas las que han decidido quién podía entrar o salir de la mina. En unas declaraciones a la revista Área Crítica, una de estas mujeres decía:

Estamos aquí día y noche y no permitimos que entren camiones llevando material como gasoil, cal, cianuro, ácido, maquinarias, grúas o cualquier otra cosa que sea imprescindible para que sigan sacando oro y plata que es lo único que les interesa... Cuando comenzaron los problemas con la empresa formamos una coordinadora de mujeres para decidir por nosotras mismas lo que teníamos que hacer. Al principio costó un poco convencer a las más tímidas de que esto era tan importante como cuidar de la casa y preparar la comida al marido y a los hijos. Aquí hay una realidad de la mujer que lucha.

Con el PSOE, junto a la lucha contra la reconversión y el aumento del paro, se ha incrementado, también. la lucha por la amnistía, contra la tortura y las leyes represivas,contra la OTAN, las bases militares y la política armamentista, por las libertades políticas y la autodeterminación de las nacionalidades, por unas mejores condiciones de vida en los barrios populares, etc., pues el gobierno socialfascista ha agravado, aún mucho más, todos estos problemas convirtiéndose, de hecho, en el más firme y seguro defensor de los intereses de los monopolios españoles. El aspecto más significativo de todas estas luchas es, sin duda, la conjunción de intereses de los distintos sectores y la comprensión, cada vez mayor, por parte de las masas obreras y populares de que la conquista de cada una de estas reivindicaciones va unida a la conquista del resto. Hoy,ya es habitual que, en cada manifestación y acto de protesta, las consignas contra el paro y la reconversión se unan a las consignas contra la OTAN y las bases militares, o por la amnistía y contra la tortura. La participación femenina en todos estos frentes ha sido asimismo muy importante.

Por otra parte, las mujeres también han jugado un papel destacado en las organizaciones de vanguardia, denotando el alto grado de conciencia y compromiso político adquiridos en estos años por la mujer. Tanto en las organizaciones políticas como en las armadas,la militancia femenina está situada en torno al 25 por cien, cifra muy importante si se tiene en cuenta el atraso secular que siempre ha arrastrado la mujer en España. Esta militancia es una militancia activa, pues, en estas organizaciones, la mujer no está relegada a un segundo plano sino que tiene el mismo grado de responsabilidad que cualquier otro compañero, dependiendo únicamente de su grado de compromiso libremente adquirido y de la claridad política e ideológica y de su firmeza revolucionaria. En los últimos años, en el curso de su actividad revolucionaria, cuatro mujeres -militantes del PCE(r) o de los GRAPO y de ETA(m)- han sido asesinadas por las fuerzas represivas: Carmen López Sánchez, Dolores Castro Sea, Josefa JiménezMiren Bakarne Arzallus.
Su entrega a la causa de la libertad y el socialismo es el mejor ejemplo de la continuidad y el compromiso de las mujeres de nuestros pueblos con la lucha revolucionaria, y constituyen la más firme bandera y el mejor patrimonio para todas las demás mujeres que encaminan sus pasos en ella.

La incorporación, cada vez mayor, de mujeres de los distintos sectores populares a la lucha contra el régimen es un claro exponente del fracaso de la reforma y del total resquebrajamiento de las ilusiones en un cambio que ha permanecido intacto. Y es, a la vez, un fiel exponente de que lo mismo que en los hombres, en las mujeres del pueblo se ha producido un salto cualitativo en su conciencia. Hoy, las mujeres ya no luchan por arrebatar talo cual reforma, esta o aquella parcela de libertad. Después de 11 años de reforma, para las mujeres está más que demostrado que en este sistema ya no hay nada que reformar, que todo el edificio está podrido y que la conquista de cualquier mínima reivindicación supone, antes que nada, acabar de raíz con el régimen de explotación yo presión capitalista, que no hace sino agravar todas y cada una de las contradicciones dela sociedad española. Por eso hoy, las mujeres, aliado de los hombres trabajadores,dirigen su lucha, abierta y frontalmente, contra el régimen de los monopolios y el Estado policiaco fascista que lo sustenta y encaminan sus pasos hacia la revolución socialista.


"La mujer en el camino de su emancipación"
  Carmen Jimenez Castro

viernes, 13 de diciembre de 2013

La mujer en la República Democrática Alemana

Desde un principio, se libró la lucha por la igualdad de derechos de las mujeres en la RDA no como «asunto femenino» contra los hombres, sino como asunto social que concierne al hombre y a la mujer igualmente, y que pueden resolverse en común, en el trabajo social, y también en el matrimonio y en la familia.
"La vida en la RDA: preguntas y respuestas" (Panorama DDR, 1981)
En Pueblo Soviético no sólo hablamos de la Unión Soviética, también lo hacemos de las ex-repúblicas socialistas. Es el caso de este artículo, donde vamos a realizar una radiografía de la situación de la mujer en la República Democrática Alemana (RDA).
Analizando esta realidad, puedo decir que, hasta donde yo conozco, la República Democrática Alemana, junto con la Unión Soviética, es uno de los estados con mejores indicadores de igualdad y de participación de la mujer en la historia.
Si bien no se llegó a una situación de justicia plena, los avances fueron tan notorios que, en muchos indicadores, los países más avanzados de la actualidad sólo pueden soñar con igualar, al menos, a la RDA.
En Alemania del este eran conscientes tanto de que aún quedaba trabajo por hacer cómo de los avances que ya habían logrado. Hoy sólo podemos imaginar hasta donde habría llegado la RDA en este aspecto de haber continuado su existencia.
Creo también que es de justicia situar estos datos teniendo en cuenta los años de los que hablamos en el artículo, comparando con la realidad actual y pasada en el mundo.
Gran parte de este desarrollo se encuadraba en la base fundamental de la justicia que ofrece el socialismo, mediante, por ejemplo, el sistema de seguridad social, por lo que, aunque el artículo que nos ocupa se refiere a la RDA, las similitudes con otros países socialistas son amplias.
Hay que entender que en la RDA los derechos, igualdad y emancipación de la mujer eran entendidos como una cuestión de clase y de lucha de clases, no era un movimiento feminista como lo conocemos hoy día.
Sus resultados fueron muy buenos, juzgando de manera comparativa con la realidad histórica y actual.
Según S. Kranz: “La cuestión de la mujer fue una cuestión de clase, no de género. Las mujeres eran consideradas por el estado como parte de la lucha de clases, no como personas con unas necesidades diferentes de los hombres”.
Desde el inicio de la existencia de la RDA, el problema de la desigualdad y el rol de la mujer estuvo presente. El artículo 20 de la constitución de 1949 indicaba que “los hombres y mujeres son iguales y tienen los mismos derechos en todas las esferas de la sociedad” y de hecho el rol de la mujer en una sociedad absolutamente conservadora como la alemana, que decían, se guiaba por las tres K’s “Kirche, Kinder und Küche" (iglesia, niños y cocina) cambió radicalmente en la RDA.
Analizar la seguridad social de la RDA es una tarea interesante y sencilla, pues disponemos de buena bibliografía en castellano, como “Política Social en la RDA” (Editorial Zeit im Bild, Berlín, RDA, 1985), un buen resumen de unas treinta páginas o el más extenso y detallado libro “La vida en la RDA: preguntas y respuestas” (Panorama DDR, 1981). Por lo tanto, aunque en este artículo nos centraremos en la mujer, mencionaremos algunos datos y aspectos generales y cualquier interesado en conocer su sistema puede hacerlo con dichos textos.
Además se utilizan para este artículo los datos de “A Country Study: Germany, East” (Federal Research Division, EEUU, 1988), “Women’s Role in the GDR and the State’s Policy Toward Women” & “Central And Eastern European Review ” (Susanne Kranz, 2005 y 2010) aparte de algunos datos puntuales de otras fuentes de prensa, etc. Absolutamente todas las fuentes utilizadas están enlazadas al final del artículo.

DERECHO AL TRABAJO
El primer logro de la RDA que comentaremos fue la participación de la mujer en el derecho al trabajo. A día de hoy los mejores indicadores de los países capitalistas no igualan los de la RDA y otros países ex-socialistas.
En 1985 el 49% de la población activa de la RDA eran mujeres, porcentaje de los más altos del mundo de ese año según la propia fuente. Este nivel aún no es alcanzado décadas después por los países capitalistas; en la Unión Europea, en el año 2000, las mujeres constituían el 43,5% de la población activa de media. En Estados Unidos, en 2011, era del 46,6%, en 1980, del 42,5% y de 38,1% en 1970.
Este indicador además fue muy superior en la RDA al de otros países desde muchos años antes, en 1960 ya era un 48,3%, mayor que en EEUU o Europa hoy. En los inicios de la RDA, en 1949, era el 40%.
Estos niveles eran comunes en países socialistas; desde los 70, las mujeres eran el 51% de los trabajadores en la Unión Soviética, o el 46,1% en Checoslovaquia en 1985.
También en los países socialistas, y por ende en la RDA, se cumplía que a igual trabajo mismo salario. Y no sólo era un mero texto en la constitución, realmente se cumplía la igualdad salarial entre hombres y mujeres por un mismo empleo, algo que en la actualidad, en la mayor parte del mundo, no se cumple.
Sin embargo las mujeres no solían realizar los oficios con mayor remuneración, es decir, si el sueldo de ella era de 762 marcos, el de él era de 1000 marcos. Aún así, el salario de la mujer significaba el 40% de los ingresos del hogar.
Las diferencias salariales existían (en muchísima menor medida que en el capitalismo) en función del sector económico. No eran, por tanto, una cuestión de género sino de sector.
A mediados de los 80, los trabajadores del comercio tenían unos ingresos medios un 26% más bajos que los trabajadores de algunas industrias, aunque estos desequilibrios se corregían en parte mediante las ayudas y subvenciones de la seguridad social correspondientes por derecho y necesidad concreta.
El problema, en realidad, era que las mujeres empleadas se concentraban en sectores con menores salarios que los hombres. Predominaban en una serie de ramos ocupacionales como en el comercio, en la medicina o la educación pública.
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Para combatir esta desigualdad el estado ofrecía formación para mujeres que ya tenían oficio pero querían elevar su nivel de habilidad y titulación. Estos programas permitían abandonar temporalmente el puesto de trabajo para formarse recibiendo mientras tanto el 80% de su salario, para posibilitar el desarrollo de su formación.
Empleada de la fabrica textil Ernst Lück de Wittstock. La imagen es una captura del documental de 1975 “Mädchen in Wittstock”.
Tampoco era un problema exclusivo de la RDA. En la RFA en 1957 las trabajadoras en la industria ganaban un 45.7% menos que los hombres. En 1981 esta diferencia cayó al 31.2% pero en 1988 volvió a ascender de manera preocupante, ya que, en promedio, las mujeres ganaron un 43.9% menos que los hombres.
Detallando, un 53.2% menos las trabajadoras industriales y en trabajos de oficina y administrativos (empleos de “cuello blanco”), las mujeres ganaban un 45% menos que los hombres.
Este problema sigue ocurriendo hoy día. En España, el salario medio de las mujeres es entre un 20% y un 30% inferior al sueldo medio en datos de 2006. En 2012, las mujeres cobraban un 22% menos que los hombres.
En países con mayor índice de desarrollo, como Noruega, con amplia legislación en pos de la igualdad de derechos, las mujeres cobraban un 15% menos que los hombres en datos de 2010. Ese 15% es el valor medio europeo. Hoy en Alemania occidental es del 24%.
La participación en la vida laboral de las mujeres en la RDA tampoco tiene parangón hoy en día ni en los países con mejores indicadores. Los datos indican que en 1984 el 80% de las mujeres en edad de trabajar, lo hacían. En 1962 ya significaban el 70%. El indicador anterior, a pesar de ser excepcional, es el más cauteloso (procede de la Federal Research de USA) ya que fuentes oficiales lo cifran en el 91% en 1989 y, justo antes de la caída del muro, el 92% de la población femenina en edad de trabajar estaba integrada en la actividad laboral o en proceso de formación. Las estadísticas occidentales no utilizan este dato pues, dicen, incluye a las estudiantes y trabajadoras en baja por maternidad.
En 2008 en la UE-15 este indicador era del 60,4%, un 20% menor utilizando el dato mínimo. En EEUU, era del 51,5% en 1980 y 58,7% en 2010 (por un 77,4% y un 70,6% respectivamente en hombres).
En estos niveles, evidentemente, hay que tener en cuenta la inexistencia del paro en los sistemas socialistas, cualidad confirmada en la RDA también por los datos de la Federal Research de USA.
En la comparación con su antagónico hermano capitalista, la RFA (República Federal Alemana), esta última sale muy mal parada (GDR es RDA y FRG es RFA):

En cuanto a la formación, en 1985, en las 54 universidades de la RDA el 50% de los alumnos eran mujeres. Un dato también muy alto para la época, que actualmente ha continuado aumentado llegando, por ejemplo, al 55% en España en 2010.
La incorporación de la mujer a la educación superior aseguraba una integración laboral y aumentó de manera constante durante la historia de la RDA.

Las mujeres que en los años 80 tenían entre 35 a 40 años ya tenían la misma escolarización y preparación profesional que los hombres. Esto ocurría por la temprana edad del sistema socialista alemán, por ejemplo, en 1980, entre mujeres y hombres menores ya no había diferencias en la calificación.
En 1971, de 100 trabajadores con un título universitario, 28 eran mujeres y en 1980 su porcentaje creció a 35.
En 1981, uno de cada dos aprendices que pasaban los exámenes de obrero especializado y uno de cada dos estudiantes universitarios que pasan sus exámenes, era de sexo femenino.
En la comparativa con su país vecino, la RFA sale de nuevo mal parada. Los datos de mujeres estudiantes en la universidad fueron, en 1960 de 23.9%, en 1980, 36.7%, en 1987, 37.9%, lo cual significaba un retraso de casi década y media respecto a la RDA.
Más preocupante era el dato de educación secundaria. En 1980, en la RFA, sólo uno de cada cinco graduados en el “Gymnasium" (la escuela secundaria) era mujer, mientras que en la RDA era uno de cada dos.
Las consecuencias de la integración de la mujer en el trabajo no son sólo datos. Primero, el sustento económico dotaba a la mujer de independencia real, al tener asegurado el derecho al trabajo, tenía ingresos y era autosuficiente. La seguridad social pública y sin coste (vivienda, sanidad, educación, jubilación, cultura…) aseguraba el desarrollo de una vida plena en la RDA para hombres y mujeres. Como reza el texto de “Política social en la RDA”: “La actividad laboral de la mujer configura la base socioeconómica de su emancipación”.
Segundo, tras la Segunda Guerra Mundial, la situación demográfica de Alemania sufrió un grave impacto, y de no ser por la incorporación plena de la mujer en todos los aspectos del país, difícilmente podría haberse desarrollado como estado socialista.
Cartel del sindicato FDGB de 1954 por el día de la mujer

DERECHOS LABORALES Y SUS CONSECUENCIAS
En este artículo sólo hablaremos de los derechos laborales concernientes a la mujer, pero en la RDA había establecidos multitud de derechos laborales para toda la población, que claro, también lo eran para mujeres. No es que “olvide comentarlos”, es que si los incluyera el artículo sería demasiado extenso. Para evitarlo me remito a la bibliografía indicada al principio del artículo.
Lo primero que hay que entender es que los derechos laborales en los países socialistas, al ser sociedades en los que los trabajadores tienen el poder, son extensos y suelen guiarse por la máxima “de cada cual según su capacidad, a cada cual según su necesidad”.
Es decir, cada persona en la RDA tenía unos extensos derechos (y deberes) y servicios cubiertos de manera pública mediante el sistema de seguridad social y según la necesidad concreta, las personas recibían ayudas, mejoras laborales, etc.
Es importante entender, pues, que en contra de lo que muchos liberales consideran “discriminación positiva” o “despilfarro” no es ni más ni menos que justicia, pues la situación de todas las personas no es igual y en un estado socialista, todas las personas son apoyadas por el estado obrero. Esto ocurría pues, con las mujeres.
Evidentemente no sólo con las mujeres, pero ellas tenían derechos adquiridos porque al analizar la situación de la mujer se consideró justo. Y es que, a pesar de los avances de la RDA por la igualdad y por combatir las estructuras sociales y roles que desfavorecen a las mujeres, seguían soportando gran parte de la carga de las tareas domésticas y del cuidado de los hijos, además de su actividad laboral.
Estos tres aspectos que, en mi opinión, parecen tan simples de comprender son criticados y negados por los conservadores.
Las mujeres en la RDA seguían realizando más horas de tareas domésticas que los hombres, aunque esto fue mejorando con los años y los hombres comenzaban a implicarse más en el trabajo doméstico y sobretodo en el cuidado de los hijos.

Junto a esto debemos tener en cuenta la incorporación al trabajo de la mujer (como vimos antes, algo considerado básico) por lo que la carga de responsabilidad de la mujer podía ser triple; trabajo, casa e hijos, como ocurre en muchos casos hoy día.
Con esta base, podemos comprender algunos de los derechos y buenos resultados referidos a mujeres y madres en la RDA.
En la RDA se realizaron políticas para las mujeres que se suelen conocer como “Mutti-Politik” (algo así como ‘políticas para madres’) siendo esta calificación, según S. Kranz, errónea, pues asumía el rol de la mujer como madres y establecía cierta dualidad entre dos roles, el de “madre” y el de “trabajadora”.
En cualquier caso, los resultados si que opino que fueron positivos y más si los comparamos con la situación en otros países y en la actualidad. Ser mujer trabajadora y madre estaba muy bien valorado en la sociedad de la RDA.
En este aspecto de la política de la RDA sin duda también se tuvo en cuenta el fomento de la tasa de natalidad, que era baja (se mantuvo similar a la de RFA con diferencias de 0.5 hijos más en la RFA a partir de 1975) ofreciendo facilidades para las familias y madres.
Encontrar explicaciones a esta situación nos permite obtener más información sobre la situación social de la mujer en la RDA. Nos guiaremos por el estudio Demographic Research: Germany, según el cual la independencia económica y el diferente rol de la mujer en la sociedad (lo hace comparándolo con la RFA) produjo una mayor emancipación de la mujer y esto afectaba a la tasa de natalidad.
Argumentan que la política del aborto pudo haber influido bastante a la planificación familiar y afectar al número de hijos.
Según el estudio “las condiciones sociales y económicas promovieron la formación temprana de la familia con un número limitado de hijos, pero un bajo nivel de natalidad”.
Podemos observar el elevado impacto en la sociedad de Alemania del este de la caída del muro, también en la tasa de fertilidad.

La incidencia del matrimonio era menor que en otros países y la ratio de divorcios era mucho mayor. Según el estudio, el menor impacto de lazos religiosos y el alto nivel de empleo femenino explica este fenómeno. Se puede observar como el nivel de empleo es un factor fundamental que impactó en la situación de la mujer en aspectos no sólo económicos, sino también sociales.
En la vida familiar, lo más común en la RDA eran parejas con un hijo (un 47,7%) siendo menos común tener dos hijos (un 25%). Las madres solteras eran un 16% (un 10% en la RFA) según nos explica el estudio, a causa del alto ratio de divorcios.
Se observa una alteración en la estructura familiar establecida para la época, el 60% de los hijos nacían de madres y parejas no casadas -no implica que no contrajeran matrimonio después- y la tasa de parejas no casadas con hijos era del 13% (4% en la RFA).
Empleada del servicio de correos, Berlín, 1988.
De los siguientes párrafos algunos de los textos son directamente copiados de los documentos oficiales de la RDA indicados al comienzo del artículo.
Las horas de trabajo semanal eran de 43 horas y tres cuartos, pero más de un 40% de los trabajadores tenían jornadas reducidas a 40 o 42 por semana según dos criterios, primero, el trabajo con turnos y segundo, las mujeres con hijos.
La semana de 40 horas fue decretada para todas las madres que, trabajando a tiempo completo, tienen más de un hijo o un hijo con minusvalía.
Este indicador estaba en la media de los países desarrollados. Por ejemplo, según datos de la OCDE, en 1985, las horas semanales trabajadas en Francia eran de 42.2, en Italia de 41.5, en Australia 43.5, en Irlanda 45 o en Reino Unido de 44.1.
La edad de jubilación era de 60 años en las mujeres y 65 en los hombres. Que las mujeres tuvieran una fecha de jubilación más temprana era común en los países socialistas. En 1985 la esperanza de vida era de 75 años en las mujeres y 69 en los hombres y el 18% de la población eran jubilados.
Las madres solteras no sufrían desventajas ni eran discriminadas y el estado las apoyaba con ayudas. De 1960 a 1976, por ejemplo, se invirtió en el subsidio para las madres solteras (y los hombres solos que, naturalmente, tenían los mismos derechos) 224,1 millones de marcos.
Evidentemente, las mujeres embarazadas no podían ser despedidas. Tampoco debían emplearse en un trabajo que hiciera peligrar la vida y la salud de la madre y el feto, por lo que si era necesario, se cambiaba puesto laboral garantizando el mismo salario.
Estaba prohibido para las embarazadas el trabajo nocturno y las horas extras. A mujeres embarazadas, madres con hijos menores de un año y a las mujeres (y hombres) solos con hijos de hasta tres años, no se les despedía. Ninguna empresa podía negar el empleo a una mujer embarazada o a una madre con un hijo pequeño por este motivo.
Las madres recibían 26 semanas de vacaciones pre y postnatales recibiendo el salario promedio neto (seis semanas antes del parto y veinte después). A partir del segundo niño, las madres podían, además de esas 26 semanas, tomar vacaciones durante un año para cuidar al bebé, cobrando entre el 65% hasta el 90% de su sueldo neto, manteniendo el puesto de trabajo en la empresa.
En 1970, el Seguro Social pagó a la madre un promedio de 1.287  marcos como subsidio; en 1980, más de 3.300 marcos, el doble del salario medio.
Las madres trabajadoras solteras tenían preferencia de plazas en los establecimientos infantiles o recibían -si no se podía proporcionar de inmediato una plaza en la casa cuna- un subsidio financiero por maternidad. Si en­fermaba el hijo de la madre y precisaba de cuidado doméstico, se le concedía permiso pagado del trabajo. Esta licencia podía abarcar un período de hasta 13 semanas por año.
Han tenido que pasar décadas para ver sistemas similares. En Noruega hoy tienen un permiso de maternidad y paternidad de 47 semanas con el 100% del suelo y reducción de jornada. Ofrecen guarderías subvencionadas al 90%, jornadas de 35,5 horas semanales y 10 días al año para poder quedarse en casa si el hijo está enfermo.
Para las mujeres embarazadas el sistema de salud disponía de 14 sanatorios con 589 camas y la asistencia médica de calidad estaba asegurada durante todo el embarazo. El 99% de los partos se realizaban sin coste en hospitales. También había 900 centros de consulta donde se realizaba seguimiento a las embarazadas y más de 10.000 centros de consulta materno-infantiles para controlar el desarrollo sano de los niños. A partir del tercer mes de gestación las embarazadas ya eran atendidas en lo médico y en lo social por facultativos y enfermeras.
La alta incorporación de la mujer al trabajo también era posible por las guarderías, jardines de infancia y casas cuna, permitiendo compaginar trabajo y vida laboral.
En 1981 se atendían al 61 por ciento de los menores de tres años casas cuna y a casi todos los pequeños de tres a seis años de edad en jardines de infancia.
En 1990, el 80% de los bebés eran cuidados en casas cuna, el 96% de los niños entre 3-6 años en los jardines de infancia y el 81% de los niños entre 6-10 años tenían atención y cuidados tras la escuela en centros infantiles.
La atención en estos centros era gratuita para cualquier hora del día, los padres sólo pagaban una pequeña suma por la comida caliente y la leche.
"Kindergarten" (guardería) en 1969 en la ciudad de Neustadt (RDA). Estas guarderías aún hoy soy muy recordadas en Alemania del este.
La RDA apoyaba de forma económica a las familias. Por cada hijo, la madre recibía un subsidio estatal por parto, por valor de 1.000 marcos (por poner una referencia, un salario mensual).
También había un subsidio estatal mensual por los niños; 20 marcos por el primero y el segundo hijo; a 50 marcos por el tercero, a 60 marcos por el cuarto, a 70 marcos por el quinto y los que siguen. Se pagaba, independientemente del ingreso y la posición social de los padres, hasta que los niños terminaban la escuela general.
También había ayudas para fundar una familia. Los matrimonios jóvenes recibían créditos sin intere­ses y con generosas condiciones de reembolso.
Las familias numerosas y las madres solas recibían ciertas ayudas suplementarias que las aliviaba en lo financiero (sin contar que toda viuda recibía una pensión de orfandad por cada hijo y toda divorciada recibía alimentos del padre de sus hijos en función de sus ingresos). Esas ayudas comprendían, por ejemplo, comida escolar gratis para los niños, lavado gratuito de ropa blanca y asignaciones para la compra de ropa infantil.
Además existían una serie de prestaciones especiales de las empresas y del sindicato, como plazas vacacionales gratuitas en las casas de descanso, curas de reposo y en ciertos casos asignaciones en efectivo provenientes del sindicato.
En los documentos de la RDA se nos explica: “Esos beneficios no son auxilios de emergencia, pues nadie los necesita, toda vez que percibe ingresos regulares por su labor. Ellos vienen a reflejar más bien el respeto y el reconocimiento que siente la sociedad hacia dichas familias. Ese respeto se traduce además en el hecho de que esas familias tienen la preferencia a la hora de repartir las viviendas más confortables y espaciosas, de las cuales nadie puede o quiere desalojarlas, incluso por consideración a los niños”.
La mayoría de los trabajadores tenía cuatro semanas y media de vacaciones pagadas. Las mujeres casadas, las madres solas y las mujeres solas que cumplían los 40 años de edad, recibían, además, cada mes un día libre para sus asuntos propios, que no es parte de sus vacacio­nes, sin afectar al sueldo.
En la siguiente tabla se puede observar una “comparación” de derechos entre la Alemania socialista y la Alemania capitalista:

El resultado de estas políticas, se refleja, por ejemplo, en la comparación de mujeres madres y trabajadoras entre ambos países:

No era de extrañar, pues, que en su país hermano, la RFA (República Federal Alemana) feministas y otras organizaciones políticas de dicho estado pidieran para su población los mismos derechos de la mujer que había en la RDA.
Cito una noticia del diario "El País" de 1990: “Muchas mujeres que desearían tener más hijos acuden a abortar por temor a perder sus trabajos en cuanto se produzca la reunificación. No sólo temen a las leyes de la RFA sino al desempleo y al desmantelamiento de los servicios sociales que se les ha prestado hasta ahora a las madres. En la RDA las plazas en jardín de infancia, el salario y la reserva del puesto de trabajo están garantizadas para las madres trabajadoras”.

Billete de 10 marcos de los 70. El billete refleja a la mujer en la RDA. Por un lado, Clara Zetkin, feminista y comunista, impulsora del día de la mujer trabajadora. En el otro, una mujer trabajadora industrial en un panel de control.

LA ORGANIZACIÓN DFD
En mi opinión, gran parte de estos éxitos se entienden al conocer la existencia de la DFD, Demokratischer Frauenbund Deutschlands (Liga de Mujeres Democráticas de Alemania). Fundada en 1947, incluso antes de la existencia oficial de la RDA, era parte del SED (Partido Socialista Unificado de Alemania) y fue una herramienta oficial para la incorporación y la concienciación de la mujer en la construcción del estado socialista, además de una herramienta de lucha efectiva por los derechos de la mujer.

En 1985 la conformaban un millón y medio de mujeres en 17,904 organizaciones locales. La participación estaba abierta a cualquier mujer independientemente de su ideología o estado social.
Conforme se iba consiguiendo la emancipación efectiva de la mujer, las mujeres aumentaron su participación en los sindicatos en lugar de la DFD y parte de la misma organización consideraba que muchos de sus objetivos se habían logrado, por lo que partir de los 80 la DFD se centró más en derechos legales para mujeres trabajadoras.
Siempre mantuvieron participación y poder político real con entre 30 y 50 diputados en la Cámara del Pueblo, por lo que la construcción de la situación de la mujer en la RDA no se puede entender sin el trabajo de la DFD desde su inicio en 1947.
En las últimas elecciones de la RDA socialista, en 1986, obtuvieron 54 asientos en la cámara. Como curiosidad, la participación fue del 99.74%.
Desconozco si en algún país capitalista existe una organización con poder y participación política real centrada en favor de los derechos de la mujer.
De entre los varios cientos de revistas y periódicos que se publicaban en la RDA, existía “Für Dich”, revista semanal centrada en la mujer dirigida por la DFD desde su creación en 1962. Había revistas y publicaciones para distintos sectores profesionales, culturales, noticias, etc.
Portada del nº 29 de la revista “Für Dich” (1981).

Exposición de 1967 llamada “20 años de DFD”. Aparece Ilse Thiele, una de las fundadoras de la DFD y política relevante de la RDA.

OTROS DERECHOS SOCIALES Y LEYES
El aborto estuvo permitido desde 1972, sin condiciones ni coste, corría a cargo de la seguridad social del estado. Se podía solicitar el aborto durante las primeras doce semanas del embarazo. Esta ley, no sin polémica -la religión estaba totalmente permitida y la iglesia se mostró en contra- fue aprobada en el parlamento como un derecho básico de los ciudadanos del país.
Una vez saqueada la RDA, en 1992, la política conservadora de la nueva Alemania Federal suspendió ese derecho durante bastantes años.
En 1989 se practicaron 73.000 abortos, mientras en la RFA, con una población cuatro veces superior, se realizaron 75.297, donde su realización no era libre y estaba fuertemente restringida. La presidenta de la asociación de médicos alemanas de la RFA dijo en 1990 que “hasta que se produzca la reunificación, se registrará un imparable, indigno y peligroso turismo para abortar de la RFA a Alemania del Este”.
Se recomendaba la planificación familiar y la píldora anticonceptiva se prescribía con receta médica de manera totalmente gratuita, era parte del seguro social.
A pesar de ambos métodos, la estabilidad económica y el efecto de las políticas aplicadas para tal fin permitía que el número de los partos aumentara. En 1980 nacieron 245.090 niños; 63.300 más que en 1975.
La RDA también fue considerada como pionera en los derechos de gays y lesbianas, con la descriminalización en 1957 y la legalización total en 1967.
La prostitución estaba prohibida y oficialmente no existía en Alemania del este. Algunas fuentes informan que había zonas donde sí se practicaba, como en hoteles de Leipzig, donde eran comunes los visitantes a la RDA.
La sexualidad en la RDA era bastante abierta para la época. Por ejemplo, es muy común en la cultura de Alemania del este el nudismo. El llamado ‘freikörperkultur' tuvo un especial impacto en la RDA con gran aceptación social, por ejemplo, en playas nudistas “posiblemente debido a un desarrollo cultural más secular según el libro occidental “State Socialist Bodies”.
Como curiosidad, en un artículo de 2009, se indicaba, basándose en una encuesta, que las alemanas orientales alcanzaban el orgasmo con más frecuencia que las occidentales, según el propio texto: “un rol menos tradicional en las mujeres de la Alemania Oriental, les hacía tomar la iniciativa y alcanzar el orgasmo con más frecuencia que sus contrapartes occidentales. Con los años, una nostalgia por “el amor como lo era antes”, ha aumentado en el este”.

PARTICIPACIÓN POLÍTICA Y SOCIAL
El órgano supremo de poder estatal de la RDA era la Cámara del Pueblo. La integraban 500 diputados (elegidos directamente por un término de cinco años, en sufragio libre, universal, igual y secreto) de los cuales, en 1981, 162 eran mujeres, es decir, el 32,4 por ciento.
En el primer período electoral de la RDA, el 23,8 por ciento de los diputados era de sexo femenino. En la RFA en 1957, era el 9,2%.
El porcentaje en los 80 es similar al de hoy día en España y algunos países europeos. En el tramo 2004-2009 en la UE, el 31% de los diputados eran mujeres, pero si volvemos en el tiempo a los datos que suministramos de la RDA, este valor desciende al 16%, la mitad.
Según datos de la Unión Interparlamentaria, en 2005 las mujeres parlamentarias en el mundo representaban el 16,1 por ciento del total, en Estados Unidos, el 15%.
La categoría ‘workers’ se refiere a trabajadores de industria/ingenieros, no es la suma del resto

En 1981 la Unión Democrática de Mujeres (DFD) contaba con 35 diputados en la Cámara del Pueblo, alcanzando incluso los 54 en los siguientes comicios, además había diputadas en los distintos grupos que conformaban la cámara.
En conclusión, aunque no se consiguió la paridad de sexos en la cámara, los indicadores de la RDA durante toda su historia superaron a la media de los países capitalistas a día de hoy.
La igualdad de derechos entre hombres y mujeres era total (así lo recogía la propia constitución) y no había “discriminación positiva”, si no que el aumento de la participación de la mujer se lograba por políticas de fondo a escala estatal, como independencia económica, educación, cultura o formación política.
De nuevo, este tipo de niveles es y era común en los países socialistas de manera mucho más común que en los capitalistas. En 2005, en Cuba, el dato era del 36%. Ya en 1966 en la Unión Soviética, eran mujeres el 28% del soviet supremo, el 34% en soviets de repúblicas y el 42,8% de los soviets de trabajadores y locales, en datos de la Universidad de Sydney.
En 1980 uno de cada cuatro de los 7.600 alcaldes de la RDA era mujer. Los alcaldes eran los presidentes de un consejo de comuna o de ciudad. De los 28 alcaldes primeros que presidían grandes ciudades, cua­tro eran mujeres (en Potsdam, Dessau, Halle-Neustadt y Brandeburgo).
Por comparar con referencias actuales, en España en 2009, sólo uno de cada diez alcaldes era mujer.
En la RDA el sindicalismo era apoyado masivamente, como demuestra el hecho de que a mediados de los 80 el 96% de los trabajadores estaban sindicados en la FDGB (Confederación de Sindicatos Libres Alemanes). En 1985 esta organización sindical tenía el 61% de los diputados y tenían poder en consejos, empresas, medios de producción y distintos estamentos de organización, por lo que el poder de actuación de los trabajadores era real en la política del país.
En 1981, el 50% de los afiliados eran mujeres, llegando incluso al 53% en 1988 y uno de cada tres sindicalizados femeninos ejercía una función organizativa siendo un 45% de los miembros de la Junta Directiva central mujeres.
La proporción de las mujeres en todas las funciones de elección de la FDGB ascendía al 48,8%.

Sin embargo, hay datos menos alentadores, como que en 1984 sólo 19 de los 153 miembros del comité central del SED (partido socialista, principal partido de la RDA) eran mujeres. Además, la mujer no consiguió acceder a los puestos más altos en política, a pesar de sí conseguir una amplia participación en la base política del país, como veíamos en datos anteriores, sólo había dos mujeres entre los 27 miembros y candidatos del Politburó (ministerios, por asociarlo con algo que conozcamos).
Por ejemplo, en 1989 sólo había una ministra en el gobierno, la ministra de educación Margot Honecker, esposa del Presidente del Consejo de Estado de la RDA.
Algunos datos más de la mujer en la RDA: Una de cada dos funciones rectoras en el comercio y una de cada tres en el sistema de escuelas superiores y técnicas era ejercida por una mujer.
Una de cada tres cooperativas de producción agrícola y una de cada cinco escuelas era dirigida por una mujer.
uno de cada dos jueces y jurados era mujer. En España en 2010, dos de cada diez.
A día de hoy nuestra sociedad todavía está acostumbrada a que las mujeres dependan de su marido materialmente y no puedan divorciarse. En la RDA la independencia de la mujer se demostraba en una alta tasa de divorcios, 3.1 por 1,000 personas en 1985, uno de los valores más altos del mundo según la propia fuente. En ese mismo año, los matrimonios eran 7.9 por 1,000 personas.
El divorcio era un proceso sencillo. La pareja simplemente cumplimentaba la solicitud requerida y pagaba una cuota en función de sus ingresos. En el 90% de los divorcios la madre mantuvo la custodia de los hijos.
Como curiosidad, vemos el impacto social de la caída del muro, cuando los divorcios pasaron de un ratio de 36 a 6 en un sólo año y no remontó hasta varios años después.

En los matrimonios la mujer y el hombre eran exactamente iguales legalmente. Podían elegir utilizar el apellido de cualquiera de los cónyuges. Ambos cónyuges podían poseer conjuntamente bienes obtenidos después del matrimonio, aunque cada uno conservaba los derechos de todos los bienes adquiridos antes del matrimonio.
Todos los hombres y mujeres de la RDA estaban obligados a recibir un entrenamiento de defensa civil que formaban grupos de defensa en el ámbito local.
La participación de la mujer en el ejercito no era tan representativa como en la Unión Soviética y solían ocupar puestos de oficina o de vigilancia de fronteras y sólo hacia el final de la RDA comenzaron a incorporarse a puestos de combate.
Durante una situación de emergencia nacional, todas las mujeres entre 18 y 50 años podían ser incluidas en la defensa del estado como reservistas (habiendo recibido el mencionado entrenamiento). Se estimaba que a mediados de los 80 un tercio de las fuerzas de defensa de la RDA ante situaciones de emergencia eran mujeres.
Las situaciones de emergencia nacional no eran únicamente ataques militares, también catástrofes naturales.
Esta participación en la defensa nacional también era una cuestión estatal, por necesidad y por derecho, ante las tensiones de la época.
Se hicieron llamamientos, por ejemplo en revistas, que animaban a las mujeres a alistarse voluntarias al NVA (ejercito popular) pues “la misión de las fuerzas armadas -la prevención de la guerra- no es una preocupación exclusiva de hombres” según el propio llamamiento.
Además del personal regular, en 1987, el programa de defensa civil incluyó varios miles de civiles voluntarios, en su mayoría mujeres, que podían ser llamados si era necesario, con un entrenamiento que consistía en tres o cuatro horas al año en ciclos de cinco años fuera del horario laboral.


TRAS LA CAÍDA DEL MURO
Observando los datos, no hay duda que la caída del muro, o la desaparición de la RDA, fue un hecho penoso para la población del país. En 1992 la tasa de paro de Alemania oriental subió de cero hasta el 14’2% (1’2 millones de desempleados), tendencia que continuó en los años posteriores, hasta los dos millones y medio de parados.
Tras cuatro años de actividad, la Treuhand, una agencia creada para la privatización de las empresas estatales de la RDA y gestionada por directivos de Alemania occidental, clausuró 4.000 empresas y destruyó dos millones y medio de puestos de trabajo. El expolio de la República Democrática Alemana había quedado consumado, pues la mayor parte de las empresas fueron compradas por grandes compañías de Alemania occidental a precio de saldo, con numerosos casos de corrupción involucrados, para luego cerrarlas en muchos casos o simplemente vender el suelo y edificios. Además, aún hoy, los contribuyentes alemanes han de pagar de sus salarios los enormes costes económicos y sociales de la Reunificación -Treuhand generó una deuda al estado de 256 mil millones de marcos-.
A día de hoy el “libre mercado” no ha podido dotar de igualdad económica a la zona oriental, que continua, veinte años después de la destrucción de su tejido productivo, siendo más pobre y con mayores tasas de paro que la parte occidental, además de generar y aumentar serios problemas demográficos.
Recomiendo el artículo “La fiebre del oro: el expolio de la RDA" de Ángel Ferrero, del cual se han extraído estos datos.
En datos publicados por el periódico mexicano “La Jornada”, desde la caída de la RDA, 1.4 millones de mujeres emigraron de la parte oriental a la occidental, debido principalmente a la situación previamente descrita, además de que en la parte occidental eran altamente valoradas como profesionales formadas y en el este, una vez destruido el tejido laboral e industrial, su futuro era ocupar trabajos que infravaloran sus cualidades.
Sin embargo, todavía en la zona que ocupó la RDA, los salarios están mejor distribuidos entre mujeres y hombres que en el resto de la república. Según el Departamento Federal de Estadísticas, en Alemania oriental las mujeres ganan casi lo mismo que los hombres, con una diferencia de apenas seis por ciento, mientras que en Alemania occidental la discrepancia entre los sueldos de hombres y mujeres es de 24 por ciento.
Esto es debido a las políticas que hemos mostrado en este artículo. A pesar de la desaparición de la RDA, algunos restos de sus instituciones continúan existiendo, como muestra, por ejemplo, que el 42% de menores de tres años -lejos de los valores de la RDA- recibe cuidado público de día completo en guarderías mientras que en el resto del país se reduce al 12%, con el impacto que esto supone para las madres en su vida laboral.
También ocurre con la educación, hoy en el este de Alemania es donde ellas tienen mayores posibilidades de terminar el nivel escolar más alto del país.
Estos indicadores no ocultan los graves retrocesos causados por la caída del este, un estudio reciente de la “Central Alemana para la Educación Política” demuestra que desde la caída del muro hubo retrocesos en la equidad de género en Alemania oriental.
La encuesta indica que 75 por ciento de las alemanas orientales afirmó que durante el régimen socialista había equidad entre mujeres y hombres. En cambio, el 72 por ciento de las mujeres encuestadas cree que en la Alemania unificada las mujeres están en situación de desventaja en comparación con los hombres.
Un breve testimonio de la encuesta: "En la Alemania socialista no existían los típicos trabajos de mujeres y hombres. Mujeres ingenieras y físicas eran lo normal. Lamentablemente, esto ha cambiado". Lo dice Iris Kloppich, secretaria de la Federación Alemana de Sindicatos.
En 1989, poco antes de la desaparición de la RDA, surgieron dos movimientos feministas, críticos con la DFD y el estado de la RDA. Se trata de Lilo y SOFI (Iniciativa de Mujeres Socialistas). Por ejemplo, Lilo participó en la famosa manifestación del 4 de noviembre en contra del gobierno, pero ambos también participaron en la demostración del 19 de noviembre 1989 a favor de la RDA, pues evidentemente eran conscientes de los logros alcanzados, que perderían con toda seguridad en una anexión a la RFA. Se integraron y fueron fundamentales en la creación de una organización que agrupaba otros colectivos feministas, UFV (Unabhängiger Frauenverband) aunque poco después la abandonaron.
Su impacto era relativamente pequeño en número, al menos mucho menor que el “oficial” DFD.
La catástrofe demográfica -acaecida en todos los países ex-socialistas al adoptar el libre mercado- también ocurrió en la RDA, donde se estima que su territorio ha perdido 2 de los 16 millones de habitantes que tenía en 20 años. Incluso tuvieron que demolerse más de un millón de viviendas desocupadas por el vaciado de algunas ciudades.
Más de 2.000 escuelas han tenido que cerrar en la última década en el este de Alemania por la falta de niños.
La tasa de natalidad bajó un 56,2% en sólo un año, algo muy preocupante en un país con una tasa de natalidad que ya era baja. Los valores de natalidad previos a la caída no se recuperaron hasta una década después.
Según una encuesta realizada por el Instituto de Investigación de Mercado de Leipzig en 2009, uno de cada dos ciudadanos de esa región lamenta que haya caído el muro y considera que desde la reunificación hay más desigualdad e injusticia social.
Podíamos leer en Der Spiegel un artículo con una encuesta donde más de la mitad de los encuestados, el 57%, opinan que vivían mejor en el comunismo y defienden la RDA 20 años después.
También, un estudio de la Universidad Libre de Berlín, hacía saltar las alarmas de los grandes medios de comunicación privados, pues en una estadística realizada con estudiantes alemanes en 2008 -personas jóvenes que no habían vivido edad adulta en la RDA-, la mitad de los mismos tenían una opinión favorable de la RDA, lo que fue visto por los conservadores como una deficiencia educativa a subsanar.
Un artículo publicado en The New York Times en diciembre de 1989 hacía referencia a una encuesta de Der Spiegel realizada en Alemania del este a comienzos del mes, mostraba que un 71% de los encuestados querían que Alemania del este se mantuviera como estado soberano. El 27% estaban a favor de la unificación. Esta posición, parece que cambio meses después.
Lo que ocurrió, es historia: el bloque socialista era traicionado al completo, Erich Honecker fue cesado para calmar las protestas y a partir de ahí comenzó el desmontaje del gobierno. Tras varias dimisiones más de los siguientes primeros ministros, varios miembros partidarios de la Perestroika, se hicieron con el control del SED (partido socialista), lo destruyeron y comenzaron más reformas que hirieron de muerte el socialismo de la RDA.
Tampoco hay que olvidar la presión mediática y “promesas” del capitalismo, no sólo en sus medios sino con sus grupos presión.
Se celebraron elecciones liberales en 1990, ganando, a pesar de las estadísticas que mostrábamos antes, una alianza de partidos de derechas y conservadores ante una izquierda realmente no socialista, fragmentada y desorientada, con falta de apoyo popular. La participación fue de más del 90%. Un par de meses después de desintegró definitivamente la RDA de manera legal por esa nueva cámara.
No es extraño encontrar artículos con testimonios favorables y nostalgia por la vida en la RDA, aunque se trate de disfrazar de “nostalgia de juventud” no se puede ocultar la realidad de las condiciones de vida y los mismos medios de comunicación suelen utilizar la estrategia de presentar la RDA como una monstruosa dictadura, sin aportar razonamientos, para después suavizar los comentarios de los grandes logros conseguidos por el socialismo.
Como curiosidad la actual canciller de Alemania y pieza visible del capital internacional y alemán, Angela Merkel se formó en la RDA. Allí se desarrollo como mujer y profesional gracias al sistema socialista. Estudió física en Leipzig y trabajó en la academia de ciencias en la RDA más de diez años, siendo incluso militante de las juventudes comunistas de la RDA.
A uno no le gusta conjeturar, pero, con los datos aquí expuestos, es muy tentador. La Sra. Merkel, estadísticamente, habría tenido -como mínimo- la mitad de posibilidades (en mis cálculos rápidos, un 60% menos) de desarrollarse profesional, educacional y laboralmente en la RFA que en la RDA y de ser una mujer “de éxito”, por los indicadores tanto de acceso de mujeres al mundo laboral y educativo. He utilizado los valores de acceso a universidad y mercado laboral de madres sin hijos de ambos países en los rangos de año que indica su biografía.
Quien sabe si hubiera llegado a ser canciller de Alemania sin haber podido obtener un doctorado y tener diez años de actividad laboral -y por tanto, independencia y sustento económico- gracias al 60% más de posibilidades que le brindó la RDA para hacerlo…
Aunque parece que en su éxito politico también influyó el hecho de que su padre fuera párroco y eso le ayudó en su ascenso en la Unión Demócrata Cristiana de Alemania.
A pesar de todo creo que es una buena manera de visualizar las diferentes posibilidades de la mujer entre ambos países con una persona más conocida.

Hasta aquí nuestro análisis a la situación de la mujer en la RDA. Como siempre, para cualquier corrección, duda, etc tenéis disponibles los comentarios.

Fuentes: